Resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana

Sucesos como los de Aguililla, Michoacán; Iguala, Guerrero; Acámbaro, Guanajuato; y Culiacán, Sinaloa, que dejaron en menos de una semana cuarenta muertos, decenas de heridos, y numerosos bloqueos en caminos y carreteras, tienen un efecto negativo en la percepción de inseguridad de la población debido a que incrementan la sensación y temor en las personas de ser víctimas de algún delito o situación de violencia ya sea en la calle, en una plaza pública, en su centro de trabajo o de estudio, e incluso dentro de su propios hogares.

Al respecto la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del tercer trimestre de 2019 del INEGI, que da cuenta de los cambios de percepción de inseguridad entre los meses de julio, agosto y septiembre en 70 ciudades de México, señala que el 71% de la población considera que vivir en su ciudad es inseguro. Ello representa una caída de la percepción de la inseguridad de 2.6 puntos porcentuales respecto del segundo semestre y 3.3 respecto del primer semestre del 2019. Sin embargo, desde el segundo trimestre del 2016 los niveles de percepción se mantienen por arriba del 70%.

La información desagregada por género indica que las mujeres se sienten más inseguras que los hombres, ya que la percepción de inseguridad entre mujeres es del 75.9%, mientras que para los hombres es del 65.8%. Históricamente, desde que se lleva a cabo la ENSU las mujeres han reportado mayores niveles de inseguridad en comparación con el promedio nacional, pues entre septiembre de 2013 y septiembre 2019, solo tres veces los porcentajes de inseguridad entre mujeres han sido menores al 70%.

Las ciudades donde las personas dijeron sentirse más inseguras son, en primer lugar, Coatzacoalcos (94.5%), Veracruz, donde en el mes de agosto murieron 30 personas en un ataque armado a un centro nocturno; en segundo y tercer lugar se encuentran Ecatepec (92.5%) y Nacualcpan (90.1%), ambos del Estado de México, zonas urbanas que se han caracterizado por sus altos índices de robo a vehículo, a trasporte de carga y de pasajeros, así como de secuestro y extorsión.

En contraste, las ciudades en las que sus habitantes se sienten más seguros son Mérida (22.8%), Yucatán; San Nicolás (27.9%) y San Pedro Garza García (20.5%) en Nuevo León, ciudades que reportaron niveles de inseguridad muy por debajo del promedio nacional. Asimismo, se caracterizan por ser centros urbanos desarrollados y con buena calidad a servicios y bienes públicos.

Uno de los efectos negativos relacionado a niveles elevados de percepción de inseguridad es el cambio de hábitos en la vida diaria de las personas. Por ejemplo: el 59.7% de población dijo ya no llevar consigo objetos de valor, el 53.7% ya no permite que sus hijos menores salgan a la calle, el 49.9% evita salir de noche y 34.9% dejo de visitar a familiares o amigos.

Con respecto a las expectativas que tiene la población en relación al desempeño de las autoridades en materia de inseguridad, la mayoría piensa que su situación no mejorará dado que el 33% dijo que seguirá igual y el 26.4% que empeorará.

Por otro lado, las personas confían menos en las autoridades locales que en la federales, debido a que el 53.8% y 47.6% confían poco o nada en la Policía Municipal y la Policía Estatal, respectivamente. En tanto el 64.9%, 85.3% y 88.1% de la población señalaron confiar algo o mucho en la Policía Federal, el Ejército y la Marina, respectivamente.

Por su parte, a pesar de que la Guardia Nacional empezó a operar de manera oficial apenas el 30 de junio del 2019, registró mayor confianza entre la población que las policías locales, con  el 74.9% de confianza.

En resumen, la mayoría de la población en México no se siente segura, situación que tiene severas afectaciones en la calidad de vida y desarrollo de las personas y comunidades. Se destaca que no hay confianza en las autoridades locales, que en teoría son las que más cerca deberían de estar de las personas. De ahí que es necesario reforzar las capacidades institucionales de corporaciones de seguridad locales, brindarles mayor capacitación, mejores equipos y un trato más digno para evitar que se repitan sucesos como el de Aguililla donde fueron masacrados 14 policías estatales. Al mismo tiempo, se deben de integrar a un plan de coordinación con las autoridades federales para prevenir, contener y combatir la inseguridad, la violencia y la impunidad.   

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